En el marco de la seguridad alimentaria, el Plan de Control de Plagas, técnicamente conocido como Plan de Desratización y Desinsectación (D+D), constituye uno de los prerrequisitos indispensables para cualquier establecimiento que manipule, almacene o transforme alimentos. Su función principal es establecer un escudo sanitario que impida la proliferación de insectos, roedores y otros vectores biológicos en las zonas de trabajo. En 2026, la trazabilidad de este plan no solo se centra en la eliminación de la plaga, sino en la documentación exhaustiva de las medidas preventivas y la gestión profesional de los tratamientos químicos.
La normativa europea actual prioriza el control preventivo frente al uso de agentes químicos. Antes de recurrir a biocidas, es imperativo que el establecimiento implemente medidas de exclusión física que bloqueen cualquier vía de entrada potencial desde el exterior. Un plan de plagas sólido debe detallar el estado y mantenimiento de:
Sistemas de Cerramiento Anti-insectos: Instalación de mallas mosquiteras de malla fina en todas las aberturas y ventanas que comuniquen con el exterior, asegurando que su limpieza sea sencilla y frecuente.
Hermeticidad de Accesos: Colocación de burletes y cepillos de sellado en la base de las puertas para eliminar cualquier holgura que permita el paso de pequeños roedores (capaces de atravesar huecos del tamaño de un bolígrafo).
Mantenimiento de Saneamiento: Uso de sifones hidraúlicos y rejillas de trama estrecha en los desagües y sumideros para impedir que los insectos rastreros accedan a las instalaciones desde la red de alcantarillado.
La gestión de plagas en el sector profesional no puede ser realizada de forma amateur. La legislación exige que las aplicaciones de biocidas sean ejecutadas por empresas especializadas que estén inscritas en el ROESB (Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Biocidas). El establecimiento tiene la responsabilidad de custodiar una documentación específica que acredite este cumplimiento:
Certificado de Tratamiento: Documento oficial emitido tras cada inspección o actuación, donde se detalla el producto utilizado, el lote y el técnico responsable.
Plano de Ubicación de Cebaderos: Un esquema detallado del local donde se identifique la posición numerada de cada trampa de monitoreo o punto de control.
Gestión de la Ubicación: Es un error crítico —y motivo de sanción— desplazar las trampas o estaciones de cebo por motivos estéticos o de limpieza. La trazabilidad exige que los dispositivos permanezcan exactamente donde el técnico cualificado determinó que existe un riesgo.
Aunque la empresa externa realice visitas periódicas, la vigilancia diaria recae sobre el personal del establecimiento. La trazabilidad del plan de plagas incluye la formación de los empleados para identificar señales tempranas de infestación, tales como excrementos, manchas de grasa en paramentos verticales (indicadores de rutas de paso de roedores) o envases con signos de haber sido roídos.
Cualquier avistamiento debe ser registrado inmediatamente como una incidencia en el sistema de trazabilidad del local. Este registro debe disparar una acción correctora inmediata, que suele consistir en una llamada al servicio técnico de control de plagas y una revisión profunda de los puntos críticos de entrada detectados.
Durante una auditoría o inspección de sanidad, el titular del negocio debe presentar una carpeta técnica de control de plagas que incluya:
Diagnóstico de Situación: Un estudio inicial realizado por la empresa de control que identifique las especies diana, los riesgos específicos del local y el entorno.
Programa de Actuaciones: El calendario previsto de visitas preventivas para el año en curso.
Fichas de Datos de Seguridad (FDS): De cada biocida o raticida utilizado, para garantizar que el personal conoce los riesgos y protocolos en caso de contacto accidental.
La gestión de plagas en 2026 ha evolucionado desde la simple eliminación hasta el monitoreo inteligente. Un plan de control eficaz es aquel que no se ve, pero que está respaldado por una trazabilidad documental que garantiza que el establecimiento es un entorno hostil para cualquier vector de enfermedad y seguro para el consumidor final.